Visita a Los Pelambres y al pueblo de Caimanes:
Una experiencia enriquecedora
Por: Darwin Castro
Eran las siete de la mañana. Los alumnos de periodismo de la Universidad del Mar, nos disponíamos a salir a un largo viaje. Nuestro destino seria Minera Los Pelambres y luego el pueblo de Caimanes. Ese viernes 16 de junio el clima no acompañaba mucho a los aventureros estudiantes. Un sol que poco brillaba y una ambiente frío, dieron comienzo a ésta extensa misión.
Casi cinco horas de trayecto y llegamos a las instalaciones de Minera Los Pelambres. Ahí nos recibieron Milton Navea y Adolfo Yánez, este ultimo periodista. Los encargados de responder las interrogantes no dejaron conforme a estos curiosos reporteros, quienes en reiteradas ocasiones evadieron los temas escapando minuciosamente de esta audiencia sedienta por obtener respuestas.
Después de una agotadora charla, los muchachos se dirigieron al humedal de la Laguna Conchalí; ésta denominada como santuario de la naturaleza y sitio Ramsar. En este lugar pudimos descansar y tomar aire apreciando una hermosa vista que se adornaba con una vegetación esplendida y diversas especies de aves.
Ya eran las dos de la tarde y quedaba un largo camino por recorrer, la misión consistía en internarse en el extenso Valle de Pupío, para luego llegar al pueblo de Caimanes. Unos cuarenta minutos, acompañados de una charla dictada por Diego Luna, periodista de OLCA, y después transitar por una polvorienta ruta divisaron esta localidad. Aquí esperaban ansiosas unas mujeres líderes, quienes darían a conocer su postura opositora frente a ésta avasalladora empresa minera.
Una vez estando ahí las dueñas de casa comunicaron su visión y su experiencia como organizadoras y dirigentes comunitarias, enfatizando sus esfuerzos para vencer este poder económico. Nadie se imaginaba que una vez terminada la reunión estas empeñosas mujeres compartirían una rica once con los alumnos y docentes. Las exquisiteces como el pan de campo, entre otros dejaron a estos pequeños reporteros atónitos de tanta amabilidad.
Las horas habían pasado, ya era tiempo de volver, caras felices y preocupadas envolvían los pensamientos de estos estudiantes, muchos sintieron la emoción de ayudar a estas personas, que no se les escuchaba en ningún lugar. Por otro lado conocer gente tan amable dejaba una gota de felicidad en cada corazón. La ruta era larga, pero una experiencia enriquecedora minorizo el impacto del extenso regreso a casa.
Casi cinco horas de trayecto y llegamos a las instalaciones de Minera Los Pelambres. Ahí nos recibieron Milton Navea y Adolfo Yánez, este ultimo periodista. Los encargados de responder las interrogantes no dejaron conforme a estos curiosos reporteros, quienes en reiteradas ocasiones evadieron los temas escapando minuciosamente de esta audiencia sedienta por obtener respuestas.
Después de una agotadora charla, los muchachos se dirigieron al humedal de la Laguna Conchalí; ésta denominada como santuario de la naturaleza y sitio Ramsar. En este lugar pudimos descansar y tomar aire apreciando una hermosa vista que se adornaba con una vegetación esplendida y diversas especies de aves.
Ya eran las dos de la tarde y quedaba un largo camino por recorrer, la misión consistía en internarse en el extenso Valle de Pupío, para luego llegar al pueblo de Caimanes. Unos cuarenta minutos, acompañados de una charla dictada por Diego Luna, periodista de OLCA, y después transitar por una polvorienta ruta divisaron esta localidad. Aquí esperaban ansiosas unas mujeres líderes, quienes darían a conocer su postura opositora frente a ésta avasalladora empresa minera.
Una vez estando ahí las dueñas de casa comunicaron su visión y su experiencia como organizadoras y dirigentes comunitarias, enfatizando sus esfuerzos para vencer este poder económico. Nadie se imaginaba que una vez terminada la reunión estas empeñosas mujeres compartirían una rica once con los alumnos y docentes. Las exquisiteces como el pan de campo, entre otros dejaron a estos pequeños reporteros atónitos de tanta amabilidad.
Las horas habían pasado, ya era tiempo de volver, caras felices y preocupadas envolvían los pensamientos de estos estudiantes, muchos sintieron la emoción de ayudar a estas personas, que no se les escuchaba en ningún lugar. Por otro lado conocer gente tan amable dejaba una gota de felicidad en cada corazón. La ruta era larga, pero una experiencia enriquecedora minorizo el impacto del extenso regreso a casa.

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